Hay que auscultar con dedicación las fotos que estos días recogen para la historia la apertura del Teatro Concha Espina, para encontrar entre ellas, apartado, en segundo plano, como huidizo, a uno de sus creadores, el arquitecto Cesar Cubillas Ochoa. Y es su obra, pero como tantas veces la foto es para otros. Y poco le importa. Cesar Cubillas es un maestro a la antigua usanza, de palabra escasa, de figura huidiza, pero de trazo firme en un plano, de mirada inteligente y de humanismo desbordante, por delante siempre de la frialdad matemática que se presupone a un técnico.