jueves, 7 de mayo de 2015

Una lucha en el barro

El cierre del EDAR de Reocín, que trataba los lodos de las depuradoras cántabras, y la falta de mantenimiento del EDARI de la empresa Sniace, abre varios interrogantes sobre la política de tratamiento de aguas en la región.


Cerrada desde 2013, la empresa Cántabra Sniace, que intenta encontrar todavía un plan de viabilidad para la fábrica de Torrelavega y las más de seiscientas familias a las que dejó sin empleo, ha desatado en los últimos días una sería amenaza ambiental sobre la ciudad.


Poco antes de declararse en quiebra, la papelera había puesto en marcha un ambicioso plan de tratamiento de aguas industriales, en base a un reactor biológico de última generación


Se trataba de una estación de depuración de aguas residuales industriales (EDARI) capaz de depurar 48.000 m3 al día (2.000 por hora) procedentes de los procesos industriales de la planta fibra y celulosa, uno de los elementos más destacables de la planta era su nuevo reactor biológico trataba las aguas mediante bacterias y microorganismos, generando residuos (lodos) de utilidad en la agricultura” como nos ha explicado Marta Revilla responsable técnico del EDARI.


La planta permitió en su momento reducir hasta el 7% los vertidos contaminantes de la década anterior.


Sin embargo, el cierre de la fábrica, y las elevadas pérdidas de la compañía llevaron a la parada del EDARI. La empresa argumento en ese momento que no se disponía de personal cualificado que pudiera realizar el mantenimiento de la planta o hacer frente a cualquier avería o riesgo producido por los lodos acumulados. Para la empresa, la situación de concurso de acreedores de Sniace hacia imposible la contratación de personal cualificado, recuperar al despedido o realizar cualquier trasiego u operación de mantenimiento. Aun más, se planteaba una situación de riesgo, bien por escapes o bien por que los lodos que se encontraban en la instalación obstruyeran o inutilizaran para siempre la instalación, valorada en varios millones de euros.



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 Balsa del reactor biológico del EDARI de Sniace en Ganzo, Torrelavega. / D. GONZÁLEZ (Enredados)



Las gestiones de los trabajadores y de las instituciones han estado encaminadas, desde entonces, a intentar reabrir la fábrica, llegar a un acuerdo con los acreedores (entre ellos, hacienda, ayuntamiento y Confederación Hidrográfica del Norte) y conseguir nuevos inversores que den futuro a la compañía. En esa circunstancia, preservar esa valiosa instalación se hacia imprescindible. Ello llevó a la dirección de la compañía a solicitar el permiso para vaciar el reactor, vertiendo los lodos a la cuenca del río Besaya cerca de su desembocadura, en un paraje de alto valor ecológico, conocido como la Ría de San Martín, muy cerca de las turísticas playas de la villa de Suances. La negativa del gobierno a permitirlo desencadenó una batalla judicial que ha acabado estos días con una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria, denegando la autorización a Sniace para vaciar el reactor biológico de fangos activos de su EDARI.


La sentencia establece que no se pueden superar los límites de la autorización ambiental (de vertidos) que tiene una empresa, especialmente cuando se trata de verter lodos sin procesar, por motivos exclusivamente económico.


Es una victoria para quienes han defendido que no se puede preservar la actividad económica a cualquier precio, especialmente cuando este tiene que ver con aspectos tan delicados como la gestión de residuos y la salud.


Una solución podría haber sido el traslado de los fangos a la planta de tratamiento y secado térmico de los fangos provenientes de las depuradoras cántabras que la empresa Valoriza (filial de Sacyr) mantenía en régimen de concesión hasta este verano en la localidad de Reocin, muy cerca de Sniace. Sin embargo, la elevación de los cánones de tratamiento de fangos, la caída de la actividad económica y la mala gestión de la empresa pública de residuos (que en opinión de los sindicatos se quedó con la mejor parte del negocio, la generación de energía, lo que impedía la rentabilidad de la planta) llevó a la empresa a renunciar a la concesión, despedir al 90% de la plantilla y cerrar la planta.


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Desde entonces, los lodos de las depuradoras de la región también se acumulan en terrenos y balsas. “Es una cuestión de dinero "Se están limpiando los ríos para ensuciar la tierra. Tratar y secar una tonelada de lodos cuesta unos 300 euros, tirarlos en un prado cuesta 13", nos denuncian los sindicatos.


La sentencia de Sniace abre dos importantes interrogantes. Para los trabajadores, si el reactor biológico no se mantiene se perderá una instalación esencial para la posible reapertura de la fábrica y para la ciudad que podría emplearla. Pero además. ¿Qué va a ocurrir con los lodos que se están generando en Cantabria?. ¿Y si hay un vertido?




Diego González, Ángel Alonso
Imágenes e infografía Laura González, Rubén Ceballos
Colegio La Paz, Torrelacega (Cantabria)

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