domingo, 26 de febrero de 2017

Intersubjetividad nula

El diccionario de la Real Academia Española define los derechos humanos como “aquellos que son inherentes a la dignidad humana y resultan necesarios para el libre desarrollo de la personalidad”. Pero, en pleno siglo XXI, parece que aún no tenemos claro cuáles cumplen esta condición. Fijándonos en gente con nombre nos perdemos historias como la de Hugo que, sin duda, son un verdadero ejemplo de esta realidad. Un chico como cualquier otro que decidió luchar por ser feliz, ¿y no es eso lo que todos perseguimos?


¿Cuándo tomaste conciencia de que querías reasignar tu sexo?


Cuando yo tenía tres años ya le dije a mi madre que quería mear como mi padre, pero yo todavía no conocía el término de la transexualidad. Con doce años seguía sin conocerlo, pero con la familia y los amigos, que vi que lo aceptaban, empecé a comportarme como yo me sentía, como un chico. Me costó porque aunque desde pequeño no me sentía cómodo con mi sexo, estaba confuso: como no sabía ni que eso existía, ni si era raro o qué era lo que me pasaba… Ya a los trece años descubrí lo que era la transexualidad. El mayor miedo fue contárselo a mi familia, porque al fin y al cabo son las personas con las que convivo día a día. Hay familias en las que, por cosas como esta, te echarían de casa. Primero se lo conté a mi padre y reaccionó muy bien, y después a mi madre, a la que le costó más. Luego a mis amigos. Yo siempre he sabido muy bien con quien juntarme, y mis amigos siguen siendo los mismos desde 1º de primaria hasta día de hoy. Todos lo aceptaron y me apoyaron.


¿Cuál ha sido tu mayor apoyo?


Tengo claro que no he tenido un sólo apoyo, sino varios, porque podría decir que mi padre, al igual que mi madre, al igual que una amiga o al igual que un amigo. Todos me han apoyado por igual. Pero si sólo pudiera decir uno, tendían que ser mis padres, porque al final son los que me han llevado a médicos, al psicólogo, a cirugías…


¿Por qué tienes que ir a un psicólogo? ¿Por ser transexual?


Cuando fui la primera vez tenía doce años, y entonces no sabía muy bien a dónde iba. Sinceramente, iba al psicólogo pero no sabía para qué. Luego ya me di cuenta de que yo nunca había necesitado un psicólogo, es decir, no he tenido un problema de “estudio”. No necesito que una persona me reafirme lo que ya sé que realmente soy.


Hoy en día está claro que la transexualidad se admite mucho más que antes, pero ¿crees que es más por pasotismo que por conocimiento? ¿Siguen existiendo prejuicios?


Yo creo que sí se acepta mucho más que antes, pero sigue habiendo gente que te insulta por la calle por el mero hecho de lo desconoce totalmente. Otros pasan absolutamente de ti. Si la gente tuviese un mínimo de conocimiento de cómo se pasa siendo transexual, gay, lesbiana… Yo creo que lo aceptarían mucho más todavía y dejarían de ser tan ignorantes.


Por otra parte, las personas que tienen que vivir esta realidad en su día a día son admirables. Hay una asociación de transexuales en Santander a partir de la cual yo he podido conocer a más personas, tanto padres como niños. Hubo una reunión hace poco y había niños incluso de seis años, cuyos padres los aceptan y apoyan al cien por cien. Creo que es una alegría para todos que ya no tengan que esperar a tener diecisiete o dieciocho años para sentirse contentos consigo mismos.


 ¿Sirve internet para informarte o te desconcierta más?


Internet está bien, porque es una plataforma guay, en la que todo el mundo puede descubrir cosas, pero hay muchas burradas también. Lo que hay que saber es con qué página y persona dar.


¿Cómo te definirías? Nosotros pensamos que hay que ser valiente para reconocer lo que se es y mostrárselo a los demás.


Hay mucha gente que me dice que soy muy valiente, pero yo creo que tampoco hay que verlo así. A mí me da mucho apuro que me lo digan, porque no es que sea valiente, simplemente quiero ser feliz. Cuando lo conté tenía miedo, porque vivo en un pueblo pequeño. Pero al final no es valentía, sino tener orgullo para ser feliz. Y mi forma de serlo es así, cambiándome de sexo.


Pero lo que más nos interesa para defender su causa, es que le escuchéis




 

Carmen Buendia, texto y video
Estudiante de secundaria,
Colegio La Paz, Torrelavega (Cantabria)

Imagen de portada El País

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