La pobreza energética es un problema
social que afecta a un número creciente de personas y que, en muchas ocasiones,
pasa desapercibido porque no siempre se manifiesta de forma evidente. Se
produce cuando un hogar no puede satisfacer sus necesidades energéticas
básicas, como mantener una temperatura adecuada, disponer de iluminación
suficiente o utilizar electrodomésticos esenciales sin que ello suponga un
gasto excesivo respecto a sus ingresos. Esta situación no solo está relacionada
con el precio de la energía, sino también con la precariedad laboral, los bajos
salarios, las pensiones insuficientes y el deficiente estado de muchas
viviendas. Como resultado, miles de familias se ven obligadas a vivir en
condiciones incómodas e incluso insalubres, lo que repercute directamente en su
calidad de vida y en su bienestar físico y emocional.