martes, 14 de mayo de 2002
María se queda sola
Mi abuela, apasionada de lo natural y amante de la discreción y la sencillez, solía acercarse a mi cama, a ofrecerme calor y a traerme a María. Cuando la recibía, se oía un suspiro, mi abuela me acercaba la leche caliente, y entre las dos me sanaban. Pero María no sólo ha estado junto a mí en las tardes grises de gripe y varicela. En los días de sol, en las tardes de playa, en las noches de invierno y chocolate. Ha sido mi amanecer y mi merienda, el entretenimiento de mis manos, cuando nerviosas desmigaban su piel sobre el suelo, como intentado tupir de harina y trigo tostado mis pies. Hoy echan a María de su casa, y su familia desespera con su ausencia.
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