SNIACE, cuyo nombre provenía las siglas de Sociedad Nacional de Industrias Aplicadas de la Celulosa Española, fue una de las empresas industriales más importantes de Cantabria. Estaba situada en Torrelavega, junto al río Besaya, y su historia está estrechamente ligada al desarrollo económico de la región. La empresa fue fundada en el año 1939, en un contexto marcado por la posguerra española y la autarquía impulsada por el régimen franquista, que buscaba la autosuficiencia económica del país y la reducción de la dependencia del exterior.
Al principio, SNIACE se creó para hacer celulosa. La
celulosa es un material que se necesita para hacer papel y otros productos
industriales. Para hacer la celulosa, la empresa utilizaba sobre todo madera de
eucalipto, pues es un tipo de árbol que crece rápido. Entonces, se empezaron a
plantar eucaliptos por toda Cantabria y por otras partes del norte de España.
Esto cambió mucho el paisaje de la región pues hizo que muchos árboles que
siempre habían estado allí fueron reemplazados por plantaciones de eucalipto.
Con el tiempo, SNIACE fue aumentando y variando su
producción. Además de celulosa, la empresa empezó a hacer fibras textiles
artificiales como el rayón, que fue muy importante en la industria textil
durante mucho tiempo. La empresa también hizo distintos productos químicos,
como el sulfato amónico, que se usaba como fertilizante en la agricultura. Todo
esto hizo que SNIACE se convirtiera en un gran complejo industrial, con muchas
naves, chimeneas e instalaciones que cambiaron para siempre Torrelavega.
La empresa fue muy importante para la economía de la zona.
Proporcionó trabajo a mucha gente durante mucho tiempo. Esto ayudó a que la
ciudad y los pueblos cercanos crecieran. Muchas familias dependían de SNIACE
para vivir, si un día esta cerraba más de 4.000 familias se irían a la calle.
La vida en Torrelavega estaba muy relacionada con la fábrica, pues gracias a
ella la ciudad creció como nunca, se construyeron nuevos barrios, carreteras y aparecieron
más servicios para los trabajadores.
El desarrollo económico de SNIACE tuvo un precio muy alto en
cuanto al medio ambiente. Desde que empezó a funcionar generó muchos residuos
industriales que se tiraban directamente al río Besaya. Durante demasiado
tiempo, el río sufrió una contaminación constante porque no había sistemas para
limpiar el agua y no había leyes que protegieran el medio ambiente. El agua del
río Besaya cambió de color y empezó a tener un olor pestilente, lo que mostraba
su mala calidad.
La contaminación dañó el ecosistema del río y muchas
especies de peces y otros organismos acuáticos desaparecieron. La vegetación también
se dañó, incluso se llegaron a oxidar los postes de las carreteras cercanas.
Los efectos de la contaminación no se quedaron solo en el tramo del río cerca
de la fábrica, sino se extendieron hasta la ría de San Martín. Esto aumentó la
extensión del impacto medioambiental.
Durante años, los habitantes de Torrelavega convivieron con
esta situación. Sabían que había problemas, pero también dependían
económicamente de ella. La contaminación del río y la ría de San Martín afectó
a la vida de los habitantes, los animales, la flora, la pureza del aire e
incluso las infraestructuras cercanas. La situación era difícil porque la gente
necesitaba trabajar para llevar el pan a casa, pero también sufrían todos los
problemas que causaba la contaminación.
En el siglo XX nadie se preocupaba por el medio ambiente.
Los gobiernos permitían que las empresas y las fábricas trabajasen sin muchos
controles, porque lo más importante era crear puestos de trabajo y producir.
Con el tiempo, la gente y los gobiernos empezaron a darse cuenta de que había
que cuidar el medio ambiente. Cuando España se unió a la UE, tuvo que seguir
reglas más estrictas para proteger el entorno. Entonces, SNIACE tuvo que
invertir una cantidad abismal de dinero para reducir la contaminación que
causaba.
La empresa pasaba por un momento muy difícil. Los costes de
producción subieron y la competencia de otros países era muy fuerte. Esto hacía
que la empresa necesitara actualizar sus instalaciones, para lo que se
necesitaba una inversión millonaria. Con el tiempo, la empresa tuvo aún más
problemas. Hubo momentos en que tuvo que cerrar temporalmente y los
trabajadores se enfadaban, pues temían perder sus trabajos. Aunque la empresa
intentó seguir adelante, su situación económica empeoraba cada vez más.
Finalmente, en el año 2013, SNIACE cerró de forma
definitiva. Este cierre supuso un duro golpe para Torrelavega y para toda la región
del Besaya, ya que cientos de trabajadores perdieron su empleo y muchas
familias se vieron gravemente afectadas (En ese tiempo había cientos, pero no
miles, pues mientras más tiempo pasaba desde que empezaron a invertir en ser
más limpios fueron recortando personal). El cierre marcó el final de una etapa
histórica caracterizada por la fuerte industrialización de la zona y obligó a
la ciudad a replantear su modelo económico y su futuro.
Tras el cierre de la fábrica, comenzó un largo proceso de
desmantelamiento de las instalaciones. Durante los primeros años, el complejo
industrial permaneció abandonado, lo que generó preocupación por los riesgos
ambientales y de seguridad. Posteriormente, se inició la demolición de las
estructuras industriales, incluyendo naves, depósitos y chimeneas, algunas de
las cuales habían sido símbolos del paisaje urbano durante décadas. Este
proceso se llevó a cabo de manera progresiva y controlada, debido a la presencia
de residuos peligrosos y suelos contaminados.
El desmantelamiento de SNIACE incluyó también labores de
limpieza y descontaminación de los terrenos. El objetivo principal era eliminar
los restos de contaminación acumulados durante años de actividad industrial y
recuperar el espacio para posibles usos futuros. Paralelamente se inició un
proceso de recuperación ambiental del río Besaya que, pese a ser lento,
permitió mejorar progresivamente la calidad de sus aguas y del ecosistema
asociado, haciendo que en la actualidad puedan vivir pequeños peces en el rio.
Hoy en día, SNIACE es recordada como un símbolo del pasado
industrial de Cantabria. Su historia refleja tanto los beneficios económicos y
sociales que aportó como los graves problemas ambientales que generó. Este caso
sirve como ejemplo de los efectos que puede tener un desarrollo industrial sin
un control medioambiental adecuado y pone de manifiesto la importancia de
buscar un equilibrio entre el progreso económico, el empleo y la protección del
medio ambiente.
En conclusión, la historia de SNIACE refleja de forma clara
los retos del desarrollo industrial a lo largo del siglo XX en España. Durante
décadas, la empresa fue un motor fundamental para la economía de Torrelavega,
generando empleo y crecimiento económico, aspectos que están directamente
relacionados con los objetivos del ODS 9, que promueve una industrialización
inclusiva y el desarrollo de infraestructuras sólidas. Sin embargo, el modelo
industrial de SNIACE se basó en una producción poco innovadora desde el punto
de vista ambiental y en la ausencia de tecnologías limpias, lo que provocó un
grave impacto sobre el río Besaya y su entorno.
El cierre y posterior desmantelamiento de la fábrica ponen
de manifiesto la importancia de avanzar hacia una industria más sostenible,
capaz de combinar crecimiento económico con el respeto al medio ambiente. El
ODS 9 no solo defiende la importancia de la industria, sino una moderna,
eficiente y responsable, que invierta en tecnologías menos contaminantes y en
infraestructuras que minimicen los daños ambientales. SNIACE demuestra que la
falta de innovación y de adaptación a nuevas exigencias ambientales puede
llevar al declive de un modelo industrial, mientras que apostar por un modelo
sostenible es clave para garantizar un desarrollo duradero y equilibrado en el
futuro.

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