A diferencia de años anteriores, la gripe A o virus H3N2 en 2025 alcanzó niveles epidémicos en España y Europa mucho antes de lo esperado, superando los umbrales de alerta ya a finales de noviembre y principios de diciembre. Comenzó en los últimos meses de 2025, la gripe estacional empezó un poco antes de lo normal, siendo más fuerte que años anteriores y causando síntomas más severos. Este adelanto cronológico, sumado a la aparición de una cepa con mayor capacidad de evasión inmunológica, convirtió a este brote en uno de los más agresivos de la década, provocando una sintomatología más severa y un incremento notable en las hospitalizaciones.
Antes que nada, ¿qué es una gripe estacional?
Una gripe estacional es una enfermedad muy
contagiosa originada por los virus de la gripe.
Produce una infección respiratoria aguda, en las personas, que puede
evolucionar desde una infección leve hasta una enfermedad grave y en ocasiones
mortal. Se presenta en forma de olas epidémicas, generalmente coincidiendo con
los meses de invierno. Generalmente las epidemias por esta enfermedad se
producen a finales del mes de noviembre hasta mediados de marzo.
Las razones por las que esta enfermedad se
propagó tan pronto y tan rápido son un conjunto de causas biológicas y sociales
como:
El cambio climático: El frío repentino y
prolongado ralentiza el movimiento de los cilios (los pelos en la nariz y
tráquea) que expulsan los virus. Al descender las temperaturas de forma rápida
y temprana en noviembre, el virus de la gripe encontró un entorno ideal, aire
seco y frío, facilitando el contagio en espacios cerrados.
La relajación social: Tras años de medidas
estrictas como mascarillas, geles, distancia de seguridad, el sistema
inmunitario colectivo experimentó lo que los expertos llaman "deuda
inmunitaria". La idea de que las
precauciones tomadas durante la pandemia de COVID-19 suprimieron la exposición
rutinaria a patógenos circulantes, dejando a las personas más vulnerables a
ellos cuando se quitaron las restricciones. Al abandonar definitivamente el uso
de mascarillas en el transporte y eventos sociales, la población volvió a una
interacción física total. Sin esa barrera física, el virus circuló sin
resistencia en una población que, tras años de protección extrema, tenía
niveles más bajos de anticuerpos específicos contra las nuevas variantes de la
gripe A. La "Variante K" aprovechó esta ventana de vulnerabilidad
social para propagarse antes de que las campañas de concienciación estuvieran a
pleno rendimiento.
Circulación simultánea: La interacción con
otros virus como el VRS (Virus Respiratorio Sincitial) y el COVID-19 creó un
efecto de sinergia negativa. La circulación simultánea de varios patógenos
satura la respuesta inmune del infectado. Una persona que ha pasado
recientemente por un resfriado común ya tiene una inflamación previa en sus
pulmones, lo que le facilita el trabajo al virus H3N2.
Falta de población vacunada: Las campañas de
vacunación suelen alcanzar su pico de cobertura a finales de diciembre. Al
adelantarse la epidemia a noviembre, las defensas de la población eran aún más
bajas, ya que la gente o bien aún no se habían vacunado, o bien su cuerpo no
había tenido las dos semanas necesarias para generar anticuerpos tras la
inyección.
Durante noviembre y diciembre, los hospitales
en España enfrentaron una alta presión asistencial debido a un adelanto de la
gripe y otras infecciones respiratorias, saturando las urgencias, especialmente
en Madrid. Se reportaron esperas prolongadas y colapso antes de las fiestas
navideñas, con el sistema de urgencias superando niveles epidemiológicos. Esta
era la situación en algunas comunidades a principios de diciembre:
CANTABRIA: se diagnosticaron 224 casos de
gripe en el ámbito hospitalario, de los cuales el 32% correspondieron a
población pediátrica.
CASTILLA Y LEÓN: En la semana 50, la tasa
global de incidencia de infecciones respiratorias agudas se situó en 781 casos
por 100.000 habitantes y la de síndrome gripal en 149 casos por 100.000
habitantes.
CATALUÑA: Una incidencia de gripe que alcanzó
los 764 casos por 100.000 habitantes, situándose entre las cifras más altas del
país en ese momento.
LA RIOJA: la evolución entre las semanas 49 y
50 muestra un ascenso claro de la gripe, que pasa de 131 a 193 casos por
100.000 habitantes.
CANARIAS: la tasa de incidencia de IRAs se
situó en 909,7 casos por 100.000 habitantes.
NAVARRA: El informe correspondiente a la
semana 50 apunta a una fase de estabilización de la actividad gripal, con una
incidencia de síndromes gripales de 330 casos por 100.000 habitantes.
En conclusión, este adelanto epidémico
demostró que los patrones climáticos y biológicos están cambiando y que esto
puede afectar muy negativamente a toda la población, especialmente menores de
cinco años, quienes actuaron como el principal motor de transmisión en los
hogares, y mayores de 70 años.
Imagen National Geographic

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