viernes, 23 de enero de 2026

La contaminación marina


La contaminación submarina es la introducción de sustancias o energía en el mar por actividades humanas, afectando gravemente la vida marina y los ecosistemas a través de vertidos plásticos, químicos, aguas residuales, la agricultura pesticidas, fertilizantes, y la contaminación acústica/lumínica, provocando eutrofización, enfermedades, daños físicos, y alteración de comportamientos, con graves consecuencias para la biodiversidad y potencialmente para los humanos. Plásticos y micro plásticos Deshechos que matan animales por enredo o ingestión, liberando toxinas.

Causas:

 

Productos Químicos: Pesticidas, fertilizantes, metales pesados, fármacos y detergentes que llegan por ríos y aguas subterráneas, causando eutrofización y toxicidad.

Aguas Residuales: Aportan patógenos como bacterias, virus que enferman corales e invertebrados.

Hidrocarburos: Derrames y actividades de petróleo y gas que afectan la fisiología y comportamiento de los organismos.

Contaminación Acústica: Ruido de barcos y exploraciones sísmicas que interfiere con la comunicación y navegación de la fauna marina.

Contaminación lumínica: Perturba los ritmos naturales de las especies marinas.

 

Consecuencias:

Daño directo: Heridas, malformaciones, asfixia y muerte de animales por plásticos o enredos.

 

Eutrofización: Exceso de nutrientes que reduce el oxígeno y daña los ecosistemas.


Impacto en la cadena alimentaria: Los micro plásticos y toxinas son ingeridos por pequeños organismos y pasan a peces y humanos.

 

Alteración Comportamental: El ruido afecta la comunicación, detección de presas y patrones de migración.

 

Pérdida de biodiversidad: Extinción de especies aún desconocidas y destrucción de hábitats.

 

Los mares y océanos han actuado durante cientos de años como enormes alfombras bajo las que ocultar la suciedad. Por ello, se han convertido en el lugar de descanso final de millones de toneladas de residuos químicos, industriales y radiactivos (como es el caso de los miles de bidones hallados frente a las costas gallegas). Un gran número de estos contaminantes acaban en los fondos marinos, donde los ingieren pequeños organismos y entran en la cadena trófica. De ahí, trazas de químicos y medicamentos van pasando de animal a animal, acumulándose en una concentración cada vez mayor hasta llegar a los niveles superiores donde pueden repercutir en la salud de los animales y humanos. Aunque en el caso de los humanos, esta es únicamente una de las vías de entrada. Varios estudios también han encontrado micro plásticos y otros contaminantes en productos procedentes del mar como la sal marina.

 

El caso del río Mississippi explicado anteriormente es un ejemplo grave de lo que sucede por la contaminación química. Muchos de estos compuestos que llegan al océano contienen pesticidas, herbicidas, detergentes, fertilizantes u otros productos químicos de origen industrial y aguas residuales. Generalmente, dichos residuos provienen de las aguas interiores, a cientos de kilómetros de las costas, y afectan a todo el ecosistema fluvial. El problema de estos vertidos es que aumentan de forma explosiva la cantidad de nutrientes disponibles. Las bacterias y algas, al tener barra libre, proliferan sin control y consumen todo el oxígeno presente en las aguas, por lo que el resto de organismos marinos se asfixian. Uno de los casos más sonoros de estas contaminaciones en nuestro país es el Mar Menor, una albúfera en la región de Murcia que recoge las aguas cargadas de fertilizantes y otros compuestos químicos de campos, fábricas y minas cercanas. Debido a estos vertidos, cada año se producen florecimientos de algas que acaban con su rica biodiversidad y rompen los equilibrios de los ecosistemas.


Aunque la contaminación marina tiene una larga historia, las primeras leyes internacionales para contrarrestar solo se promulgaron a partir de mediados del siglo XX. Durante mucho tiempo la mayoría de los científicos creían que los mares y los océanos eran tan grandes que tenían una capacidad ilimitada para diluir la contaminación y, con ello, neutralizar sus efectos dañinos. Sin embargo, a comienzos de la década de 1950 la contaminación marina se había convertido en una fuente de preocupación que también se manifestó en varias convenciones de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.



Imagen Fundación Aquae

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