La salud mental es un aspecto fundamental del bienestar general y forma parte esencial del ODS 3, cuyo objetivo es garantizar una vida sana y promover el bienestar para todas las personas. Se puede definir como es el estado de bienestar emocional, psicológico y social que permite a las personas afrontar el estrés, tomar decisiones y relacionarse de manera adecuada.
En el caso de los jóvenes, la
salud mental influye directamente en su desarrollo emocional, social y
académico, así como en su capacidad para afrontar los retos de la vida
cotidiana. Es importante porque influye en cómo pensamos, sentimos y actuamos
cada día. Una buena salud mental ayuda a los jóvenes a desarrollarse de forma
equilibrada y a construir un proyecto de vida saludable.
Durante la adolescencia y la
juventud se producen importantes cambios físicos, psicológicos y sociales que
pueden afectar a la salud mental. En esta etapa pueden aparecer problemas como
el estrés, la ansiedad, la depresión o la baja autoestima. Estos problemas
están muchas veces relacionados con la presión académica, el acoso escolar, los
cambios emocionales, las expectativas sociales, los conflictos familiares, el
uso excesivo de redes sociales, o la falta de apoyo emocional.
Si estos problemas no se
detectan y tratan a tiempo, pueden afectar negativamente a la calidad de vida y
al futuro personal y profesional de los jóvenes. El bienestar mental no solo
implica la ausencia de trastornos, sino también la capacidad de sentirse bien
consigo mismo, mantener relaciones saludables y tomar decisiones responsables.
Por ello, es fundamental promover
hábitos saludables. Algunos hábitos que favorecen la salud mental son mantener
una alimentación equilibrada, practicar ejercicio físico con regularidad, expresar
las emociones de forma saludable y el descanso.
La alimentación es clave para
regular la motivación, el estado de ánimo y la sensación de bienestar,
previniendo la irritación, la ansiedad y la fatiga mental. La actividad física
ayuda a reducir el estrés y mejora la autoestima, mientras que hablar sobre los
problemas emocionales permite sentirse apoyado y comprendido.
El estrés prolongado puede
afectar negativamente a la salud mental, provocando cansancio emocional y
dificultades para concentrarse. Por lo tanto, el descanso es fundamental, ya
que dormir bien ayuda a regular las emociones y mejorar el estado de ánimo.
En resumen, la buena
alimentación, la práctica regular de ejercicio físico, la comunicación abierta
con familiares y amigos, el descanso adecuado y, además, aprender a gestionar
las emociones desde jóvenes permite afrontar mejor los problemas y mantener
relaciones sanas. Estas acciones contribuyen a fortalecer la salud mental y a
prevenir posibles problemas.
La educación juega un papel
clave en la promoción de la salud mental. Las escuelas y centros educativos
deben ser espacios seguros donde se fomente el respeto, la inclusión y el
diálogo. Además, es importante que los jóvenes reciban información sobre cómo
reconocer señales de alarma y sepan dónde acudir en caso de necesitar ayuda
profesional.
La sociedad y las
instituciones públicas tienen la responsabilidad de garantizar el acceso a
servicios de salud mental de calidad, eliminando estigmas y barreras que
impiden pedir ayuda. Cuidar la salud mental de los jóvenes es una inversión en
el bienestar colectivo y en el desarrollo de una sociedad más sana y
equilibrada, en línea con los objetivos del ODS 3.
La familia y el entorno social
tienen un papel muy importante en la salud mental de los jóvenes. Escuchar sin
juzgar, ofrecer apoyo emocional y mantener una buena comunicación ayuda a
prevenir problemas. El acoso escolar, por el contrario, puede causar graves
consecuencias como baja autoestima, ansiedad o aislamiento social. Por otro
lado, el ODS 3 promueve no solo la salud física, sino también la salud mental.
A través de la prevención, la atención temprana y el acceso a servicios
adecuados, se busca mejorar la calidad de vida de los jóvenes y construir una
sociedad más sana y equilibrada.
En mi opinión, la salud mental
de los jóvenes debería recibir la misma importancia que la salud física. Muchas
veces no se le da la atención necesaria porque los problemas emocionales no
siempre se ven, pero pueden afectar mucho a la vida diaria y al futuro de las
personas jóvenes. Creo que es fundamental que se hable más sobre este tema en
los centros educativos y en las familias, para que pedir ayuda no sea algo
negativo ni motivo de vergüenza. Además, considero que promover hábitos
saludables y ofrecer apoyo psicológico accesible ayudaría a prevenir muchos
problemas y a mejorar el bienestar de los jóvenes.
FUENTES
·
Objetivos de desarrollo sostenible
Autor:
Plataforma de voluntariado de España
·
Salud
Autor:
Naciones Unidas

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