Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, adoptados en 2015, buscan erradicar problemas globales para 2030. El ODS 2, "Hambre Cero", pretende acabar con el hambre, lograr la seguridad alimentaria, mejorar la nutrición y promover la agricultura sostenible. Sin embargo, en la República Popular Democrática de Corea (Corea del Norte), la desnutrición persiste como un problema estructural y grave, afectando a millones de personas. Este país aislado representa un caso extremo de fracaso en el cumplimiento de este objetivo, donde factores políticos, económicos y ambientales convergen en una crisis alimentaria crónica. A pesar de algunos esfuerzos internos, la población enfrenta inseguridad alimentaria persistente, con altos niveles de desnutrición crónica (retraso en el crecimiento o "stunting") y aguda, especialmente entre niños y ancianos. Este trabajo analiza las causas, la situación actual, las consecuencias y las barreras para avanzar hacia el ODS 2.
Causas principales de la desnutrición
La crisis alimentaria en Corea del Norte
tiene raíces históricas y actuales. Tras el colapso de la Unión Soviética en
1991, el país perdió subsidios clave en fertilizantes, combustible y maquinaria
agrícola, lo que provocó la devastadora hambruna de los años 90, conocida como
la "Marcha Ardua", con cientos de miles (posiblemente hasta 2
millones) de muertes por inanición. Aunque la situación mejoró temporalmente,
las causas estructurales persisten.
En la actualidad, el aislamiento
internacional es decisivo. Las sanciones de la ONU por el programa nuclear y
balístico limitan las importaciones de alimentos, fertilizantes y tecnología
agrícola. El cierre total de fronteras desde 2020 por la pandemia de COVID-19
agravó esto: se cortaron suministros desde China (principal socio comercial),
reduciendo drásticamente las importaciones. Además, desastres naturales
frecuentes, como inundaciones y tifones, destruyen cosechas en un país con
suelos pobres y dependencia del arroz y maíz.
Políticamente, el régimen prioriza el
gasto militar y nuclear sobre la agricultura y el bienestar social. El
"Songun" (política militar primero) y el desarrollo de armas desvían
recursos que podrían destinarse a fertilizantes, irrigación o distribución
equitativa de alimentos. El sistema de distribución pública (PDS) es
ineficiente y desigual: la élite y el ejército reciben prioridad, mientras la
población general depende de mercados informales ("jangmadang") con
precios altos e inestables. Informes recientes indican que, pese a intentos de
aumentar la producción interna, alrededor de la mitad de la población (unos 12
millones de personas) sigue subnutrida.
Situación actual y características
Según datos de organismos internacionales
actualizados a 2025, la inseguridad alimentaria afecta gravemente a Corea del
Norte. El Relator Especial de la ONU sobre derechos humanos en el país,
Elizabeth Salmón, señaló en marzo de 2025 que, a pesar de esfuerzos por
aumentar la producción agrícola, cerca del 50% de la población (aproximadamente
12 millones) permanece subnutrida. Informes previos de la FAO y el PMA
(Programa Mundial de Alimentos) estimaban déficits crónicos de cientos de miles
de toneladas de cereales, y la situación no ha mejorado significativamente.
La desnutrición crónica afecta
especialmente a niños: tasas altas de retraso en el crecimiento (stunting)
limitan el desarrollo físico y cognitivo. Ancianos y mujeres
embarazadas/lactantes también son vulnerables. El gobierno ha admitido
tensiones alimentarias y pedido a la población "comer menos" en
periodos críticos. Aunque no hay hambruna masiva declarada como en los 90, la
crisis es "silenciosa" y estructural, agravada por la falta de acceso
a ayuda humanitaria plena debido a restricciones políticas y sanciones.
Consecuencias humanas y sociales
Las repercusiones son profundas y
multigeneracionales. En niños, la desnutrición crónica causa daños
irreversibles: menor estatura, menor capacidad cognitiva, mayor vulnerabilidad
a enfermedades y menor productividad adulta. Esto perpetúa la pobreza y limita
el desarrollo del país. La mortalidad infantil y materna aumenta, junto con
anemia y deficiencias de micronutrientes.
Socialmente, genera mendicidad, deserción
escolar (niños buscan comida en vez de estudiar) y migración ilegal riesgosa
hacia China. Hay testimonios de muertes por inanición en zonas rurales y
prisiones, y desigualdad extrema: la élite de Pyongyang come bien, mientras el
resto sufre. Desde el punto de vista de derechos humanos, viola el derecho a la
alimentación y se vincula a represión (castigos por comercio informal o consumo
de medios extranjeros).
Económicamente, reduce la fuerza laboral
futura y frena cualquier crecimiento sostenible, alejando al país del ODS 2 y
de otros objetivos relacionados (salud, educación).
Conclusión
Corea del Norte ilustra cómo factores
políticos y aislamiento pueden bloquear avances en el ODS 2. Las causas
combinan herencia histórica, sanciones, desastres naturales y prioridades
estatales erróneas. Las consecuencias son devastadoras para la población
vulnerable, con un impacto duradero en generaciones. Para avanzar, se necesita
diálogo internacional, alivio selectivo de sanciones para ayuda humanitaria y
reformas internas que prioricen la agricultura y equidad. Sin cambios, el
hambre persistirá, recordándonos que el ODS 2 requiere no solo producción, sino
justicia y cooperación

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