Imagen: El Diario Montañés
Pablo Arce
Corrían tiempos de unidad. De lucha conjunta por un proyecto ilusionante que mantenía a la sociedad política cántabra cogidos de la mano a pesar de las asperezas. La capitalidad europea de Santander suponía mucho, tanto para la capital como para Cantabria. Mucho dinero invertido, mucha gente inmersa y personalidades conocidas que entraron a formar parte de ello como caballo ganador. Llegó el gran día. El momento en el que se conocería si Santander 2016 dejaba de ser proyecto para convertirse en algo más, en un futuro inmediato que iba a competir con 5 capitales más de España por dicho trofeo. Jueves, 30 de septiembre, no pasamos de ahí. La ilusión se desvaneció. Los brazos cayeron de lo alto. Y las manos dejaron de estar entrelazadas pocas horas después de la rotura del sueño.

