viernes, 10 de mayo de 2013

Entrevista con Cristobal Montoro, un viaje al centro del poder


David San Juan, Javier Ruiz Vila / EPE 2013. Enredados


“Aquel niño emigrante recién llegado a Madrid, a una sencilla casa del paseo de Extremadura, en los años cincuenta, nunca imaginó que algún día sría ministro. Mi sueño de niño era trabajar y poner el mayor empeño en estudiar y formarme para acceder a la Universidad, pero tampoco con un objetivo nítido. En realidad no había una vocación por la economía. Fue un familiar  el que me aconsejo que estudiase económicas, una especialidad que empezaba entonces a cursarse. Crecí con ella descubriendo su sentido en el contexto de la España de los años sesenta, que empezaba a abrirse al mundo, después del aislamiento de la postguerra”.
Es el único rasgo privado del que Cristóbal Montoro (Cambil, Jaen, 1950), ministro de Hacienda y Administraciones Públicas se ha prestado a hablar. Bajo ese aire resuelto y bien humorado, que aun mantiene en su perfil buena parte del discurso liberal y socialmente inquieto que manifestó en sus años en la Autónoma de Madrid, hay un hombre tímido, y un político opaco, que trasluce con facilidad, incluso con interés su filosofía y su destino, pero que revela muy poco del camino a seguir.





Hemos llegado casi a las cinco a nuestro encuentro con el ministro. Un retraso de nuestros entrevistados en el congreso durante la mañana, un error de interpretación en la cita con el ministro, y un taxista esforzado en enseñarnos Madrid, nos ha dejado en una mala situación. Cristóbal Montoro lleva quince minutos esperándonos en la sede del ministerio. Cuando el taxi decide finalmente detenerse ante nuestro destino en la calle Alcalá, tras un inútil viaje al ministerio de economía en Castellana, Itziar nos espera en la puerta. Joaquín, nuestro profesor de plástica, no sabe muy bien como disculparnos, pero ni nos dejan. Itziar Otaño, la responsable de prensa del ministro está apurada, en plena calle, junto a un miembro de seguridad. Acabar de colgar su móvil, tras hablar con nuestro profesor en Cantabria, para intentar averiguar que pasa. Dos alumnos de bachillerato consiguen una entrevista con el ministro de hacienda, en estos tiempos de pasmo y zozobra, y llegan tarde. Pero al vernos todo cambia. Mientras Joaquín se queda discutiendo con nuestro inesperado guía turístico, Itziar nos lleva en volandas por el ministerio. ¿Qué os ha pasado?. Pero es retórico, no espera respuesta. “El ministro está esperando en la biblioteca, es el mejor lugar para las fotos. Tenéis quince minutos. Hay una reunión de partido y es muy urgente”. Pero no hay riña en sus palabras, solo es preocupación. Desde la primera vez que hablamos con ella todo han sido facilidades. Al llegar a la biblioteca, tras recorrer el edificio que albergó la casa de aduanas y las reuniones del general Miaja y el presidente Azaña, encontramos a Montoro. Relee unos papeles que aparta al vernos para mostrase amable y hospitalario. A su lado, su asistente de prensa, José Luís Fernández Tostado nos indica donde colocarnos y los mejores ángulos para las fotos. Nos sentamos, y durante un instante, en aquel espacio lleno de libros y legajos, enfundados en tanta historia y con todos pendientes de mi, se me para el corazón. Hemos hecho el cuestionario entre todos, traigo muchas preguntas, muchos interrogantes, decenas de inquietudes de jóvenes como yo, parte de una generación a punto de ser exiliada y el tiene muchos porqués, y muchos como, pero tengo la boca seca, y viendo al ministro allí, frente a mi, mirándome, es como si se hubiese parado el mundo. Es una entrevista muy importante y tengo que hacerlo bien, pero ese hombre es una parte importante de ese grupo de gente que hace que mi abuela pague sus medicinas con su raquítica pensión, que el padre de Marcos siga en paro y que yo igual no tenga futuro. “Cuando quieras David”. 




El Real Decreto 12/2012 de regularización tributaria no ha dado el resultado esperado. Muchos ciudadanos que creen que se es estricto con los trabajadores, pymes y autónomos y laxo con los grandes defraudadores. ¿Cuál es su valoración?. No es la primera pregunta, pero es lo que me ha salido del alma. Pero no tuerce el gesto, y responde. La verdad es que se la respuesta antes de decirla. El tiene un discurso totalmente asumido. Nuestra conversación se mueve por tres carriles. El gobierno no puede evitar el rigor fiscal. La voluntad es acabar con la fraude, igualar las cargas entre los ciudadanos y evitar el despilfarro, pero la maraña legal e institucional nos conducen a un proceso de reestructuración fiscal que no será rápido. Relacionado con eso, Montoro nos hace un encendido discurso en defensa del municipalismo y el estado autonómico. El Anteproyecto de Ley para la racionalización y sostenibilidad de la Administración Local, donde se clarifican los repartos competenciales entre administraciones, el ajuste de la Administración Local a los principios de estabilidad presupuestaria y sostenibilidad financiera, el inicio de un período transitorio de cinco años para el cambio de titularidad de las competencias de sanidad y educación, que serán exclusivas de las Comunidades Autónomas, el ultimátum a los ayuntamientos y mancomunidades que no aclaren cuentas en tres meses, la limitación del uso de autorizaciones administrativas para iniciar una actividad económica, el sometimiento de los sueldos de los miembros de las corporaciones locales a los Presupuestos Generales del Estado y la reducción del número de personal eventual y de cargos públicos con dedicación exclusiva, son algunas de las medidas que defiende con vehemencia como necesarias para fortalecer el estado autonómico y menguar unas cuentas descontroladas. Pero los detalles de esas ideas son difíciles y las contrarreplicas imposibles. 



Es como si Montoro se supiera preso de un enjambre de presiones y equilibrios, de un contexto tan cambiante que hace imposible ser tajante en el como, e impasible ante las secuelas de los actos de gobierno. El ministro afronta su tercer eje es determinista. “Pedir sacrificios”, “a nuestro pesar”, “no es parte de nuestra política”, son expresiones que dibujan un fatalismo, lleno de disculpas y promesas. A los funcionarios, a quienes Montoro alaba, a los jóvenes, a quienes nos presagia un futuro edificado en los sacrificios actuales y a la población, a la que reclama confianza en unos políticos manchados por una corrupción a la que ni son ajenos otros países, ni es extensible a todos los servidores públicos.
Javi tira fotos con ansiedad, mientras Itziar se desespera haciendo gestos de que acabemos, a un despacho contiguo ya han llegado sus interlocutores de Génova, y nos hemos pasado ampliamente de tiempo





No hay comentarios:

Publicar un comentario

Queremos saber tu opinión. Se respetuoso y enriquece a la comunidad

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Comparte este contenido en las redes