Desde hace bastantes años, las fronteras españolas se han resignado a extenderse por poco más que tres cuartos de la Península Ibérica. Del mismo modo, Portugal perdió hace tiempo todos aquellos solares antes suyos, conquistados de la mano de su hermano mayor. Y desde 1640, desde que a Felipe IV se le escaparan los lusos en una mala época, estamos separados. Separados, pero pegados. ¿Contradictorio?
Contado así, se plantearía absurdo que nadie hubiera pensado ya en... unirnos. Ya presentado el tema, dejaré mi opinión para el final.






























