sábado, 4 de marzo de 2017

La sin razón del odio

Cuando Marina oyó las primeras bombas estallar, sólo podía sentir incertidumbre. Una joven estudiante cántabra que hacía escala en Bruselas se encontró cara a cara con el crudo horror del terrorismo


No había desembarcado aún del avión cuando los miembros de la banda criminal ISIS comenzaron su ataque en el aeropuerto de Bruselas, el pasado 22 de marzo. En ese momento, tal y como nos cuenta Marina Bodoano; nadie, ni siquiera el piloto, estaba al tanto de lo que estaba sucediendo. “Tan sólo podíamos esperar y observar desde la ventana del avión cómo la gente gritaba y corría despavorida sin rumbo”, relata. “Lo único que sabíamos con certeza era que un lugar más seguro que el avión no existía en aquel instante, por lo que, de alguna manera u otra, nuestros miedos se fueron calmando”.


Posteriormente, cuando les fue dada la autorización para abandonar la aeronave, fueron todos trasladados a una estación militar en la cual se agolpaban más de cuatro mil personas. La inseguridad se palpaba en el ambiente. “Muchos practicantes de la religión musulmana estaban rezando por las víctimas. Sin embargo, a muchas personas que se encontraban con ellos les entraba pánico”. Y es que, aunque muchos de ellos eran conscientes de ello, no fueron capaces de eliminar esa vinculación generalizada e inconsciente (que parece que a todos se nos impone estos últimos meses) entre el Islam y el terrorismo. Ella, sin embargo, asegura no haber sentido miedo, sino frustración y pena por presenciar esta discriminación y rechazo.


Es pocos días después, en un viaje familiar a Sicilia, cuando se dio cuenta de que este miedo que criticaba había alcanzado involuntariamente hasta a su propia persona. “Vi a un grupo de musulmanes vestidos con su atuendo característico en el aeropuerto, y mis nervios comenzaron a aflorar”, cuenta. “Incluso traté en todo momento de mantenerme alejada de ellos hasta que pasé el control de seguridad. No fue hasta entonces que me quedé más tranquila”.



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Marina en su domicilio tras el acontecimiento. / MARIO GONZÁLEZ




¿Merecen los musulmanes ser identificados con esta imagen, pues? Está claro que no todos son terroristas, y los que lo son “son en su mayoría personas normales a los que les han comido la cabeza y ni siquiera saben por qué y para qué matan", opina Marina.


¿Cuál es en realidad el verdadero objetivo de ISIS? ¿Quieren únicamente cadáveres de cientos de miles de personas, y el sufrimiento de otras cuantas? ¿O bien justificar su odio, miedo y rechazo hacia las demás culturas, intentando conseguir que compartan ese mismo sentimiento hacia la suya? Si es así, no parecen haber tenido fruto visible alguno, más que muertos y heridos, y repudio y terror hacia todos los practicantes de esta religión.


Entonces, ¿son el sufrimiento, las muertes y la exclusión social de los musulmanes tan solo efectos secundarios? ¿Cuál es realmente el bien mayor? Quizá, algún día, sean capaces de descubrirlo.



Carlos Edilla, Paula Anaya
Colegio La Paz, Torrelavega (Cantabria)
Imagen de portada El Mundo

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